El Yo: Una construcción colectiva Autor: Eugenio Carutti

El Yo es una construcción colectiva. Un modo de funcionamiento aprendido, que responde a la necesidad del sistema nervioso de organizar centralizadamente la información circundante; su función es garantizarnos la supervivencia y para esto no descansa hasta haber construido un espacio seguro a su alrededor. Es una Torre, desde la cual la conciencia centralizada domina su mundo. Desde allí fija los límites que nadie puede cruzar; y sobre todo, determina aquello que debe suceder y aquello que no está dispuesto a aceptar de ninguna manera. Esta forma de inteligencia –el yo- es limitada. Necesita defenderse y dominar porque en su base anidan terrores e ilusiones ancestrales que reencarnan en cada niño que nace. En su aislamiento no puede percibir que forma parte de un inmenso orden creativo; y por eso se siente amenazada por todo aquello que no controla.

A lo largo de la evolución los seres humanos nos hemos interrogado acerca de la existencia de otro nivel de inteligencia capaz de resolver los problemas de la vida sin necesidad de apelar al control. Nuestro lado racional dice que esto no es posible; el lado místico busca a esa conciencia en seres superiores a quienes invoca protección. Ambas tendencias se entrecruzan tejiendo una confusa malla de ilusiones y estrategias controladoras. El tiempo que vivimos parece diseñado para que las Torres entren en crisis. Nos lleva al límite del caos, tanto en los hechos del mundo como en nuestras vidas personales. Ante nuestros ojos se suceden con asombrosa rapidez acontecimientos cargados de tensión en los que poderosos egos se enfrentan unos con los otros y, a diferencia de otros momentos, se hace evidente que ninguno triunfa; ninguno puede dominar definitivamente a los demás; ninguno puede resolver los problemas por sí mismo. Todo es volátil, incierto, tenso e inestable; fascinante a veces pero también incomprensible. Es necesario que todo esto nos suceda para que una nueva inteligencia florezca en nosotros. Una conciencia que no necesite un centro desde el cual dominar; una inteligencia sin posiciones preconcebidas acerca de lo que sucede. Libre para encontrar el camino según este vaya apareciendo; dócil, flexible y confiada; no porque ha inventado seres superiores para que la protejan, sino porque ha comprendido los limites de la conciencia centralizada. Por eso es capaz de coordinarse con los demás sin necesidad de pensar o sentir lo mismo que ellos. Esta inteligencia existe, pero solo puede florecer si la anterior entra en crisis y acepta sus límites. Tanto en los acontecimientos político-sociales como en nuestra existencia cotidiana veremos crecer dos grandes tendencias mientras Plutón recorra el signo de Capricornio. Aquellos que pugnan por la centralización y necesitan establecer un dominio casi absoluto a su alrededor; y aquellos que aprenden a coordinarse con lo diferente, a perder el control sin asustarse encontrando caminos sorprendentes. El tiempo de Acuario desafía todas las estrategias que consciente o inconscientemente la humanidad ha desarrollado. El yo no es una entidad; es solo un modo de funcionamiento. Un estado de conciencia que debe ser comprendido para que realice sus funciones centralizadas sin apropiarse de toda la actividad del sistema nervioso. Aceptar la limitación esencial de nuestro nivel consciente nos lleva a reconocer la existencia de una inteligencia mucho más profunda y creativa actuando en nuestras vidas. Esta inteligencia es capaz de procesar información de una complejidad inimaginable para el yo temeroso y controlador. Por eso encuentra caminos nuevos y disuelve casi mágicamente los antiguos conflictos. El arte de escuchar la inteligencia profunda no se enseña en ninguna escuela. Ella habla a través de todo lo que nos sucede. Podemos escuchar su voz en el momento en que los intentos controladores del yo son cuestionados.

La inteligencia profunda despierta cuando la Torre se desmorona. Y esto tendrá que suceder tantas veces como sea necesario; hasta que nos demos cuenta que cada vez que fracasan los planes del yo se nos revela el amoroso sendero del alma.

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Articulos de Astrología Psicológica

AUTORES RECOMENDADOS / PSICOLOGIA/ASTROLOGIA/PSICO ASTROLOGIA JUNGUIANA

La Navegación de la Conciencia por Alejandro Lodi

La carta natal es el mapa de navegación del viaje de la conciencia.

El viaje de la conciencia necesariamente expresa una dinámica de la psique, desde identificaciones polarizadas hacia el reconocimiento de la polaridad, desde la lucha de polos en antagonismo hacia la vivencia yin-yang. El viaje de la conciencia se desarrolla en conflicto con el destino (los hechos del mundo externo y las personas con las que nos relacionamos) hasta que deviene el sufrimiento de un colapso. Ese colapso puede ser “el fin del viaje”: una cristalización terminal que no permite dar respuesta. O puede ser un portal a la transformación de la conciencia: la muerte del encanto de ser una entidad separada de la corriente general de la vida y el nacimiento de una conciencia que se reconoce en el destino.

Nos identificamos con fragmentos de la totalidad del ser. Y atraemos inconscientemente los contenidos excluidos y complementarios. Nuestras identidades fragmentarias generan destino. El yo atrae destino: experiencias que nos acercan a aquello de lo que intentamos separarnos. El destino como reunión, como cita con lo que soy y evito. Lo evitado es un contenido del ser que me anima y que, no obstante, parece “no ser mío” porque contradice la imagen que tengo de mí mismo. Lo evitado es la sombra de esa luz que representa la imagen consciente de uno mismo.

La sombra no es “lo que todavía no ha sido iluminado”, no es lo que al yo consciente “le falta aun integrar” del inconsciente. La sombra no es “un trabajo que tengo pendiente”. La sombra no es “deber ser” (esto es, un compromiso que debo cumplir). La sombra es el ignorado complemento de la imagen luminosa del ego. La sombra no le pide al yo que mejore, sino que se transforme. La sombra no pide crecer como persona, sino morir a la imagen egoica. La madurez de la conciencia no implica una versión mejorada del yo, sino su mutación. No implica sabiduría, sino una alteración de la percepción de la realidad.

Lo que vemos en consulta astrológica

En consulta vemos la potencialidad de la carta natal (de una vida) y también el recorte de ella en la que ha hecho identidad la conciencia personal. El yo desarrolla mecanismos de defensa para evitar el contacto con todo el contenido psíquico que ha sido descartado y que representa una amenaza a su existencia. Necesita defenderse por supervivencia: el yo sólo es, sólo subsiste, si se confirman los atributos con los que se ha identificado. Toda información que no refuerce esa sensación de identidad personal es percibida como ajena, como un riesgo mortal. Cuando esos mecanismos defensivos se muestran ineficaces, aparece entonces el sufrimiento psicológico. Y es ese padecimiento el portal a la transformación. Lo único que puede disolver ese dolor es reconocerse en lo temido, aceptar la sombra.

En cada consulta, el reto del astrólogo es descubrir dinámica de polaridad en las polarizaciones del consultante. Exponer la oportunidad detrás de cada sufrimiento. Ver yin-yang donde la persona sufre antagonismo. Si en el antagonismo la conciencia siente orgullo o satisfacción, entonces no hay consulta. Para percibir yin-yang tiene que haber insatisfacción o dolor. Y ver yin-yang significa percibir la evidente interpenetración de los polos en conflicto, el ineludible abrazo de aquello que parece rechazarse, la creativa cópula de lo que se creía en recíproca exclusión.

El sufrimiento de la persona está en vínculo con lo que la identificación consciente ha dejado afuera. El desafío de la entrevista astrológica consiste en estimular la sensibilidad del consultante (disolviendo el miedo y abriendo confianza) para reconocerse en (aceptar) el destino del cual se siente víctima, en facilitar que el espacio de consulta permita resignificar su relato de vida desde una “nueva luz”, es decir, desde una nueva y más comprensiva imagen de sí mismo.

Cada imagen de sí mismo que emerge disuelve a la anterior e inicia una nueva trama de la dinámica de revelación del ser, dinámica que siempre será entre consciente e inconsciente, identidad y destino, luz y sombra. La dinámica no tiene un punto de llegada, no tiene una cima que deba ser alcanzada con destreza o mérito. La dinámica consciente-inconsciente es la sustancia misma de la conciencia. Conciencia es dinámica. Conciencia es viaje. Un viaje que revela un territorio que no puede conocerse si no es desarrollado. La carta natal es el mapa de un territorio que cobra sentido mientras es recorrido. Ese territorio es una vida humana y un destino. La carta natal es el mapa presente de un territorio siempre futuro.

.Alma, sombra, hechos, otros

El viaje de la conciencia, el misterio del despliegue del ser, no es un mandato, no es un modelo preestablecido con el que debo cumplir, no es un proyecto individual, no es separado o aislado de los demás. La revelación de lo que somos es una respuesta intuitiva creada a medida que se despliega en el destino, es vincular y generada o creada en red. Por lo tanto, “nuestra” vida es co-generada y co-creada; no surge de la constricción o del repliegue sobre uno mismo, sino en la expresión espontánea de la interacción vincular.

El destino (los hechos, los otros) da información de uno mismo, mucho más rica que el relato o definición que nos damos como personas. Rechazar el destino es extraviarse de uno mismo. Desoír lo que dicen nuestros vínculos acerca de nosotros y de nuestras vidas es disociarse.

El yo es necesariamente una imagen disociada, desenfocada. Y es así porque el yo personal es constitutivamente una sensación de identidad separada de los demás. Será una dimensión más profunda -el alma- la que repare esa disociación y le recuerde a la conciencia su conexión con todo lo demás. La personalidad disocia, el alma reúne.

Alma es reconocerse en otros. Es, en definitiva, amor. El desafío de aceptar al otro, no sólo como participante, sino como expresión esencial del propio campo vital y psíquico.

Alma es reconocer la sombra. Es, en definitiva, transformación. La sorprendente evidencia de que lo temido, negado, reprimido o proyectado en los demás revela un legítimo contenido de mi ser (o del ser profundo que anima mi vida) y, por lo tanto, la persuasiva invitación a validar el cuestionamiento que representa para nuestra propia imagen personal.

Descubrir la sombra y no transformarse implica contaminar la vincularidad y riesgo de quiebre psicológico. El miedo a transformarse genera más sufrimiento que el de reconocerse en la sombra. Somos víctimas de la sombra. La sombra victimiza al yo. Y la sombra es el otro.

Alma, sombra, hechos, otros. El tesoro de lo que no sabemos acerca de nosotros. Lo que ignoramos de nuestra vida como fuente de la más rica creatividad.

Navegar la conciencia. Confiar en indicios. Ver símbolos en las estrellas. Llamar al viento.

 https://alejandrolodi.wordpress.com/2016/12/03/la-navegacion-de-la-conciencia/

 

 Una Mirada Integradora por May de Chiara 

Astropsicología: May de Chiara

 May de Chiara es psicologa -formada en diferentes corrien­tes- y astróloga. En las terapias con sus pacientes, asegu­ra, toma las herramientas de la psicología y el lenguaje y la visión abarcadora de la astrologia. Así, afirma, es posible ayudar a las personas a comprenderse mejor.

Ella, psicóloga, psicopedagoga y astróloga, se define como una terapeuta que integra técnicas psicoterapéuticas. Y está muy compenetrada con el saber an­cestral que la astrología puede aportar a las más modernas técnicas de trabajo con los pacientes. "La psicología tiene muchas derivaciones de un tronco común, que co­menzó con el psicoanálisis con Freud. Ha ido recorriendo diferentes temáticas y ha ido abordando al sujeto desde diversas óp­ticas -como puede ser el cuerpo, la pala­bra, la dramatización- como una necesidad de ampliarlos métodos y así tener más he­rramientas. Ninguna de estas miradas antagoniza con las otras, sino que son com­plementarias. La astrología aporta una mi­rada de lo humano y de los procesos hu­manos, y de los procesos y ciclos de la na­turaleza, a través de un lenguaje sagrado, simbólico, que es muy comprehensivo y abarcativo", explica.

El psicólogo, que está en contacto con las problemáticas humanas se encuentra en el trabajo diario con la necesidad de ayu­dar a resolver conflictos. En el pensamien­to astrológico está escenificada una am­plísima gama de posibilidades de com­portamientos y también tensiones y con­flictos. A cada uno le toca una temática, según sea su carta natal y cómo esté la disposición de los planetas, pero todos compartimos las mismas energías de di­ferentes maneras. En un punto somos to­dos iguales, pero también diferentes. El in­dividuo de este siglo es más complejo que el de 1900: Freud definía la problemática de la época cuando hablaba de repre­sión sexual. Ahora podemos hablar otras problemáticas más vigentes. La identidad, los vínculos, la insatisfacción y la creativi­dad son temas más de esta época.

La herramienta primaria de trabajo de los terapeutas que combinan la astrología, es la carta natal, que se confecciona con los datos de la fecha, hora y lugar de na­cimiento de la persona. A partir de eso se hace un trabajo de análisis, en el que participa comprometidamente el pa­ciente. "La persona tiene la posibilidad de identificarse con diferentes aspectos, temáticas y conflictos de su carta na­tal. En ella está representadas sus ener­gías masculinas, femeninas, su emocionalidad, cómo vive lo paterno, cómo vive la autoridad, cómo se vincula con el se­xo opuesto, cómo se comunica y cómo piensa. Nunca se trata de imponer un dis­curso de 'yo sé cómo sos', sino la pro­puesta es acercarle al paciente la posibi­lidad de identificarse con su mapa ener­gético, y aceptarlo como una totalidad", apunta May.

"Creo que todas las técnicas son buenas, pero también cada una tiene su límite. El arte de un terapeuta es saber cuándo, có­mo y dónde utilizar una u otra. Tengo la idea de que la terapia, como la concebi­mos hoy, tiende a desaparecer en el fu­turo. Las personas buscan más experien­cias de crecimiento y aprendizaje, y la as­trología -al igual que otras técnicas como el yoga, la respiración, la dramatización y el trabajo corporal- tiene mucho para aportar. Estaren terapia no es algo natu­ral en la vida de una persona; esta tiene que servir como un aprendizaje y tiene que proveer de herramientas para que el paciente pueda seguir solo su camino. Es importante entender y conocer quién soy, pero también es importante llegara un nivel real de concreción y poder hacer cambios para vivir mejor"»

CURSOS

Ex docente de Casa XI, May De Chiara es directora de los cursos de "Psicología para astrólogos " y "Astrología para psicólogos" de Astropsique.

Más información en www.astropsique.com.ar o por mail a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. .

Nota en revista Uno Mismo

 LINK: http://astropsique.blogspot.com.ar/2010/02/articulo-publicado-en-revista-uno-mismo.html


Astrología y cuadros psicopatológicos

May de Chiara - Alejandro Lodi

Este trabajo fue elaborado a partir de una investigación realizada en colaboración con las psicólogas Eliane Btesh y Gabriela Galland para el seminario Psicopatología del curso Psicología para Astrólogos.
Fue presentado en el 10° Encuentro entre Astrólogos organizado por Gente de Astrología-GeA en junio de 2006, obteniendo el “Primer Premio Excelencia Astrológica”.
 
Nuestro punto de partida consiste en el cuadro con que la psicología tradicional presenta y clasifica los desequilibrios psíquicos, concentrándonos particularmente en las más severas: las denominadas «psicosis».
Intentaremos ensayar algunas hipótesis acerca de su correspondencia con los indicadores astrológicos que hacen referencia a la dimensión transpersonal de una carta natal.


¿Qué es la psicosis?
Nuestro trabajo trata acerca de la estructura más grave dentro de la psicopatología: la psicosis.
Esta estructura es radicalmente diferente de la neurosis y de la perversión. Se trata de los cuadros que tienen menor grado de estructuración psíquica. Es decir, refieren a las estructuras más frágiles y con sus complejos psicológicos (sus puntos de fijación) localizados en un período más temprano que en otros cuadros psicopatológicos.
En efecto, los puntos de fijación en la psicosis son pre-edípicos. Por eso, el grado de estructuración es menor, porque en la psicosis el principio de realidad va a estar desintegrado y va a haber cierta pérdida de unidad del yo, de las funciones del yo. En términos clásicos, en la psicosis el superyó nunca llegó a conformarse como una estructura fuerte y hay un esbozo de yo fragmentado. Aquí la predominancia la tiene el ello.
Vamos a ubicar, en primer lugar, dónde está el conflicto en la psicosis. Si en la neurosis, el yo está avasallado por el ello, la realidad y el superyó, aquí el conflicto se da directamente con la realidad. Así, ante una frustración del mundo exterior, el ello cobra predominancia, avasalla al yo y éste se desconecta de la realidad.
Precisamente, la psicosis representa un cuadro gravísimo porque se pierde el contacto con lo real. Los psicóticos producen una realidad nueva, que tiene que ver con los síntomas principales de la psicosis: los delirios, que es una construcción de una realidad nueva, y las alucinaciones, que es la percepción de una realidad nueva.
Ahora bien, ¿qué cuadros psicopatológicos están incluidos en la psicosis? La paranoia, la psicosis alucinatoria y la esquizofrenia. Además, vamos a incluir (por su gravedad y la desestructuración que representa, aunque no es una psicosis clásica) la psicosis maníaco-depresiva o, trastorno bipolar.
Hagamos una aclaración. Vamos a analizar “cuadros patológicos” y no “rasgos de carácter o personalidad”. Aunque la psicosis es un cuadro grave, eso no significa que cualquier persona no pueda sentirse identificada con un síntoma aislado de esa estructura, o que no posea como rasgo de personalidad alguna conducta o característica que ubiquemos en el cuadro. Así, en la cultura aparecen los rasgos de carácter “paranoico” o “delirante”, y eso es material compartido con el cual podemos identificarnos “desde nuestra neurosis”, es decir, desde un yo más estructurado, un yo que puede darle un sentido a la experiencia, o –en términos más astrológicos- un centro de identidad solar que puede organizar la experiencia sin que el síntoma lo desestructure. Por eso es importante diferenciarlo del cuadro psicopatológico de la psicosis.

Paranoia
Técnicamente, en la paranoia el punto de fijación está localizado en la etapa narcisista de la libido. Podríamos decir que hay una problemática con el yo, pero no es una patología narcisista que tenga que ver con “la imagen que doy a los demás”, sino que hay un yo que se empieza a postular como centro.
Como dijimos, en la psicosis hay un conflicto con la realidad por el cual el sujeto empieza a delirar. Sin embargo, la paranoia representa un cuadro de menor desconexión con la realidad, ya que se trata de un tipo de delirio que lo une a los demás. Si bien en las otras psicosis hay delirio, aquí es el síntoma principal y el delirio resulta más sistematizado, más organizado.
La paranoia es una de las psicosis menos desestructuradas porque todavía hay un yo que opera en el mundo y que guarda alguna conexión con la realidad.
En la paranoia hay una manía de interpretación, es decir, que el paranoico descifra todo: un ademán, una puerta entreabierta, una sonrisa, un sueño. Lo que caracteriza este cuadro son estos dos indicadores: la certeza y la autorreferencia.

.- Respecto a la certeza. El paranoico no duda de lo que interpreta. Por ejemplo, llega a la casa y piensa que la mujer “lo está engañando con otro”, y aunque encuentra a la mujer sola, o no la encuentra, está seguro de lo que cree. Una persona neurótica dudaría. En la neurosis siempre existe un margen de duda, mientras que el psicótico tiene certeza, y esta certeza es inconmovible.

.- Respecto a la autorreferencia. El paranoico interpreta que todo lo que ocurre refiere a él. Por ejemplo, siente que “el comentario de un periodista por televisión” refiere a él, que ese periodista “le está hablando a él”. Esto puede convertirlo en alguien muy peligroso, porque nunca se sabe qué puede interpretar. Como no está conectado con la realidad, tiene un pensamiento muy personal y original que resulta imposible de deducir.

El delirio más común es la «celotipia». Se trata de “una situación amorosa de dos” que se convierte en “una situación amorosa de tres”, en donde uno de los miembros de la pareja tiene la certeza de que el otro le es infiel sin tener ningún indicio cierto o cuando esto no ocurre en la realidad.
Otro caso es el «delirio erotómano». Se trata de la persona se siente amada por un personaje famoso. El erotómano pasa por distintas fases: fase de esperanza de que eso suceda, fase de despecho y luego fase de rencor.
También existe el «delirio reivindicativo». Se relaciona con el “discurso jurídico” y aquí el sujeto está esperando “que se le repare un daño que le han hecho”. Son personas capaces de sostener causas judiciales años y años, y lo logran justamente por estas características de certeza y autorreferencia.
El «delirio místico». Tiene que ver con aquellos que creen ser convocados para una tarea sagrada, que son llamados a ser profetas, y que deben que aguardar el momento de ocupar ese lugar que les está reservado. El delirio místico se suele dar en fases posteriores del desarrollo de la vida, donde el sujeto puede compensar y por eso puede no resultar tan conflictivo y disolverse.

Psicosis alucinatoria
Es una psicosis más grave, porque aparece más temprano. La paranoia en general es una estructura que se desencadena después de los 30 o 35 años. La psicosis alucinatoria es de más temprana aparición y, además, el sujeto está más a merced de lo que le pasa. El yo es más débil y desestructurado.
En este sentido, es clave destacar que el diagnóstico de una psicosis no se establece por el síntoma, sino por el grado de estructuración del yo. Toda persona puede presentar rasgos psicóticos, porque están en la cultura y todos nos identificamos con rasgos psicóticos y neuróticos. La diferencia está en el grado de estructuración del yo. Por ejemplo, estructuras con un yo que ha podido atravesar las etapas de la libido y sepultado el complejo de Edipo, son estructuras más equilibradas, más organizadas, pueden soportar una crisis sin desestructurar todo el psiquismo y hacer eclosión sólo en un área de la vida (por ejemplo, la pareja).
En el cuadro de la psicosis alucinatoria no solamente hay delirio, sino que hay cuadros de alucinación. El sujeto escucha voces, percibe que le transmiten pensamientos o que le leen el pensamiento, se siente a merced del otro, etc. Hay una situación más pasiva que en la paranoia, y el sujeto percibe cosas que no logra entender qué significan.
Es una psicosis con más angustia y las alucinaciones pueden ser visuales, olfativas o gustativas, pero lo que las caracteriza es que tienen un toque bizarro. Estos cuadros son más desestructurantes, y si bien existe también delirio, el delirio cobra aquí un matiz fantástico de pensamiento mágico o primitivo.


Esquizofrenia
Es el cuadro más grave de la psicosis, porque la aparición es aún más temprana. Este cuadro se caracteriza porque hay un proceso de desintegración de la personalidad, que también se llama «disociación autista de la personalidad». Esquizo, significa “división”. En todas las estructuras hay disociación, pero en la psicosis esquizofrénica llega a su máxima expresión.
El sujeto está emocionalmente fuera de la realidad. No existe contacto alguno, ni por medio del delirio, ni por medio de la alucinación. Retira toda su libido y puede permanecer estático y sin hablar, durante mucho tiempo. Si bien en el psiquismo humano siempre existe una disociación entre lo conciente y lo inconsciente, aquí el grado de disociación es máximo. ¿Qué es lo que se disocia? Lo emocional, disocia del cuerpo y de la mente. Aparece un cuerpo y una mente, sin emoción. El sujeto está indiferente, sentado, sin hablar. Pierde total contacto con la realidad y lo que se puede observarse es un vacío emocional, visible en su cuerpo: su cara tiene una expresión de mueca, de ausencia de todo sentimiento, está rígido, robotizado, sus movimientos son bruscos, no responden a la situación que está viviendo.
En la esquizofrenia el sujeto está absolutamente desconectado. Es un paciente más robotizado. Su lenguaje también es estereotipado, y puede haber mutismo. No responde a las consignas, puede invertir las partes de las palabras, inventar palabras que no existen. Es el caso de los autistas. Se disocian de la emoción. Incluso hay que alimentarlos porque no comen. Pueden golpearse la cabeza, son peligrosos para sí y para otros. No tienen control sobre sus actos.
Este es el único cuadro en el que, aún existiendo recuperación, queda afectado el pensamiento, el lenguaje y lo emocional. En los demás cuadros, el sujeto puede pasar la crisis y retornar a una “normalidad”. En cambio, en la esquizofrenia hay deterioro hasta la dementización. Antiguamente este cuadro se llamaba «demencia precoz», porque se dementizaba el paciente y por la aparición temprana que tiene. Puede aparecer hacia la adolescencia temprana. El cuadro con mejor pronóstico es la «esquizofrenia paranoide», porque a través del delirio el psicótico se vincula. Freud decía que el delirio es un intento de vinculación, un intento de restablecer un lazo y de curarse.
Algo importante que ocurre en la esquizofrenia es que se pierde totalmente la unidad del psiquismo. Desde el punto de vista astrológico, parece como si cada planeta funcionara por su lado, y por eso se habla de cuadro de «personalidades múltiples» o «esquizofrenia». Es una especie de disociación múltiple de la personalidad.

Psicosis maníaco-depresiva o trastorno bipolar
El trastorno bipolar clásico es un trastorno grave y no hay que confundirlo, por ejemplo, con una ciclotimia leve. El cuadro del trastorno bipolar se llama «circular», porque se caracteriza por tener ciclos. Tiene dos polos, un polo maníaco y un polo melancólico. Pero se habla de enfermedad cuando ocurre un episodio y el otro. Un maníaco es melancólico y el melancólico es maníaco, es una polaridad.
Empecemos por el «polo melancólico» o, como se lo reconoce actualmente, «depresión». No es la depresión que uno usa en el lenguaje común y que se caracteriza por el trastorno del humor. En la melancolía, hay una baja de energía, hay una disminución de energía disponible. Se caracteriza por una inhibición de las funciones psíquicas (el lenguaje, la atención, la memoria, la percepción, etc.) y de la actividad motora. El sujeto va lento, no tiene fuerza. Todos estos cuadros se presentan con trastornos somáticos (cefalea, fatiga, dolores musculares, hipocondría) y si aparece una enfermedad es aceptada con naturalidad.
Un punto importante es que en la melancolía existe un dolor moral: sentimiento de indignidad, autoreproches y culpa. Esto representa un plus en relación a la depresión común. El sujeto se culpa por todo, se siente carente de todo valor, se menosprecia, no tiene fuerza, tiene una sensación de anestesia afectiva, todo le da igual. Tiene una tristeza profunda por todo, casi no habla, no puede mantener la atención mucho tiempo. En general, no puede sostener el esfuerzo mental en ningún tipo de función psíquica.
Por eso el cuadro es muy grave, y puede incluir intentos permanentes de suicidio. El sujeto puede no comer, no dormir o dormir mucho. La melancolía es la depresión más grave.
Por su parte, el «polo o fase maníaca» se presenta después de la melancolía, como una fase de liberación de energía, de liberación de pulsiones. Aquí se levanta la represión y por eso resulta el opuesto del polo anterior. Hay un estado de hiperexcitación de las pulsiones psíquicas. En lo motor, el sujeto está agitado, no puede parar de moverse, está eufórico, se siente pleno, con proyectos múltiples, con alta excitación sexual. Puede fumar y beber en exceso, no dormir en absoluto.
En el pensamiento, pueden presentarse muchas ideas a la vez, una asociación rápida, una idea atrás de la otra, recuerdos fluidos que no cesan. Puede estar disperso en la atención porque, en realidad, “está en lo suyo”. El pulso está alterado, aunque el sujeto siente que está plenamente lúcido. Esta sensación de afluencias de ideas le hace sentir que está “pensando mejor y más que antes”.
En definitiva, el sujeto se siente expansivo, eufórico, optimista. En relación a lo somático, adelgaza, no duerme, tiene hambre y sed todo el tiempo.


La mirada astrológica sobre la psicosis
Como introducción, podríamos atender a que el común denominador de todos los casos presentados es que en ninguno de ellos existe una estructura básica y elemental del yo suficientemente desarrollada, donde lo emocional, el comando de las funciones psíquicas y la relación con la realidad funcionen como un todo coherente.
La funciones psíquicas representadas por los planetas personales no pueden coordinarse, carecen de un orden estructural. No hay un coordinador de la personalidad. Y estas funciones quedan alteradas: el pensamiento se altera (Mercurio), la vincularidad queda alterada (Venus), la acción queda alterada (Marte), la capacidad de síntesis y de dar sentido de vida queda alterada (Júpiter).
Sin embargo, tengamos en cuenta que este centro coordinador maduro y sólido (Sol) no nace sólo, sino que emerge de la elaboración del principio lunar y saturnino, esto es, de haber atravesado una estructura lunar que lo contuvo, lo nutrió, y permitió su crecimiento, y que luego supo desarrollar la capacidad saturnina de discriminarse de lo simbiótico, saber postergar deseos y aceptar los límites de la realidad.
En el psicótico esta elaboración básica no ha sido llevada a cabo.
Si prestamos atención, lo que terapéuticamente se trabaja en estos casos extremos es la posibilidad de construir a su alrededor una estructura Saturno-Luna capaz de contenerlo: puede ser una institución, el psicólogo, el acompañante terapéutico, la musicoterapeuta, la foníatra, la rehabilitadora, la familia, etc.
Es decir, se requiere construir todo un marco artificial para contenerlo y protegerlo del daño que pueden provocarse, tanto a sí mismos como a los demás. Existe un riesgo de daño personal y para otros, y entonces es necesario este marco contenedor y demarcador de la realidad.
Ahora bien, ¿qué profundidad podríamos darle a nuestro encuadre astrológico?
En principio, en astrología los planetas simbolizan funciones que resultan indispensable cumplir para que un sistema se desarrolle en forma saludable. De este modo, considerando que cada sujeto representa un organismo, los planetas simbolizan aquellas funciones biológicas y psíquicas que hacen a un correcto desarrollo como individuos.
Sin embargo, a efectos de la comprensión de los cuadros psicopatológicos, es clave distinguir entre planetas personales (incluyendo a Júpiter y Saturno) y planetas transpersonales.
Las funciones de los planetas personales (incluyendo a Júpiter y Saturno) hacen a la estructuración del sistema del yo. Así, organizados en un mandala, esos planetas simbolizan las funciones psíquicas internas que permiten la constitución del yo y su desenvolvimiento en la interacción social.
 
- Funciones planetarias constitutivas del yo -


Pero sabemos también que hay otras funciones planetarias, que no están al servicio de la constitución de un yo personal, y que incluso parecen pretender desorganizarlo.
En este sentido, los planetas transpersonales parecen simbolizar funciones vinculadas a generar la posibilidad de que este sistema estructurado en un yo sea sensible a realidades de otro orden y entonces pueda responder a aquello que está más allá de la experiencia individual y personal. Así, los planetas transpersonales cumplen funciones de trascendencia, expansión e integración con el universo.
Es muy ilustrativo referirnos a estas funciones transpersonales como trans-saturninas, porque de inmediato nos sugiere que están “más allá de Saturno”, esto es, más allá de la ley de la forma, más allá del límite de las estructuras conformadas.
De esta manera, por definición, los planetas transpersonales (“trans-saturninos”) simbolizan funciones que, en principio, son desorganizantes de la forma establecida. Y es clave considerar que desorganizan la estructura conocida para que el sistema sea receptivo –o se revele- a formas o dimensiones que están más allá de la forma cerrada.
Aplicado al proceso de estructuración del yo, esta función de los planetas transpersonales encierra un atractivo y un peligro: el atractivo de la expansión más allá del yo, y el peligro por la desorganización del yo que esa expansión puede implicar. Dicho de otro modo, simbolizan el atractivo de la trascendencia espiritual y el peligro del desequilibrio psíquico.

- Funciones planetarias trascendentes del yo -


En verdad, es fundamental discriminar que los cuadros de psicosis parecen representar reacciones de sistemas que no han llegado a desarrollar un yo integrado, antes que la desintegración de un yo previamente conformado. Y esto quizás pueda marcar una diferencia entre neurosis y psicosis: en la primera existe un yo estructurado que se desordena, mientras que en la segunda no se ha llegado a desarrollar una estructura psíquica sólida.
Entonces, nuestra hipótesis sería que la psicosis es una reacción patológica a la energía transpersonal, un desequilibrio que produce el contacto con lo transpersonal y que revela la ausencia de una estructura psíquica capaz de responder a ese contacto.
En verdad, esto pone de manifiesto que para acceder al contacto con lo que está más allá del yo, resulta imprescindible y necesario -aunque parezca obvio- haber desarrollado y estructurado un yo.
Porque si el contacto con lo que está más allá del yo -esto es, con lo transpersonal- ocurre antes de haber desarrollado una personalidad madura, esto será irremediablemente desbordante.


La clave del pulso Saturno-Júpiter
Otra hipótesis que podríamos elaborar es que aquellas estructuras muy sensibles a lo transpersonal son también más sensibles a caer en cierto desequilibrio, si antes no han sabido (o no han podido) organizar un yo maduro y estructurado.
De modo que esta frontera que marca Freud en su clásico cuadro de psicopatologías no es otra que la frontera saturnina.


Esa frontera, en realidad, es un límite que comunica dos dimensiones. No es un dique que debe defenderse de lo transpersonal, que debe evitar el contacto con lo transpersonal, sino que es un puente que comunica con lo transpersonal.
Por lo tanto, ese límite debe tener una doble cualidad: ser protectivo de la estructura del yo y, al mismo tiempo, de alguna manera permeable y habilitador de la experiencia transpersonal.
Podríamos decir que, en realidad, la función saturnina debe saber aliarse con la jupiteriana y viceversa, y que cuando esto no ocurre el sistema se desequilibra. Esa frontera es una modulación saturnino-jupiteriana, entre aquello que necesita ser conservado (un yo estructurado) y lo que necesita ser receptivo al misterio (el anhelo de trascendencia espiritual).
Entonces, para animarnos a acceder a lo que está más allá de lo personal tiene que haber sido desarrollada una estructura de personalidad madura. Esto explicaría por qué los desequilibrios que ocurren antes de completarse el primer ciclo saturnino -esto es, antes de los 28 años- resultan más críticos y de un pronóstico más reservado, respecto a los que se producen después.
Al mismo tiempo, ¿cómo podría distinguirse si se está en contacto con lo transpersonal o en delirio psicótico, si se está en contacto con lo sublime o disociado de la realidad?
Aquí cabe una hipótesis. Si quien comunica la experiencia pretendida como transpersonal, actúa excesivamente centrado en su yo, podríamos levantar sospechas de patología. Es decir, es posible tener la percepción de entidades sutiles, pero si yo traduzco este contacto con lo sublime y numínico como “un mensaje que la Virgen María me dio respecto a una particular misión que tengo que comunicar a los demás...”, es probable que el yo se haya inconscientemente apropiado de un contacto transpersonal. ¿Por qué? Porque el protagonista de la experiencia transpersonal no es el yo, sino la cualidad transpersonal en sí misma.
Y esto es algo que delata con mucha precisión lo apropiado o inapropiado del contacto con lo transpersonal. Si hay un yo que cree estar protagonizando la experiencia, podemos sospechar un desequilibrio. Y esto se vincula con la característica autorreferencial que ya fue descripta al analizar la paranoia.
En principio, la sensación de protagonismo ya resulta inapropiada para el contacto con lo transpersonal. Lo transpersonal remite al misterio. Que una experiencia resulte transpersonal significa que no puedo tener certeza racional de aquello que sea exactamente lo que estoy percibiendo. Estamos en contacto con el misterio.
En realidad, nunca podremos saber con absoluta convicción y certeza qué es Urano, qué es Neptuno y qué es Plutón. Por su propia naturaleza, no podemos saber de modo definitivo qué representan esas cualidades, porque su función es comunicarnos con lo universal, con lo que está más allá del entendimiento y –poniéndolo en astronómico- fuera de los límites del Sistema Solar.
En este sentido, Urano, Neptuno y Plutón son el nexo del Sistema Solar con el resto de la galaxia, tienen la paradójica función “dentro del sistema” de comunicarnos con lo que está “fuera del sistema”, y recordarnos nuestra pertenencia al Cosmos.

Los planetas transpersonales y los tipos de psicosis
Pero, ¿cómo podemos vincular a los planetas transpersonales con los tres cuadros de psicosis que presenta la psiquiatría clásica? Exploremos entonces estas posibles correspondencias.
La paranoia y la psicosis alucinatoria parecerían responder a un desequilibrio respecto a la cualidad neptuniana. Claro que cabe el interrogante: ¿qué es la alucinación? ¿lo generó mi mente o es una forma sutil que efectivamente percibí?
Por ejemplo, en estado de meditación lo que se percibe no está generado por la mente del individuo, en el sentido que su percepción coincide con la percepción de todos aquellos que practicaron la misma meditación: todos percibimos el mismo estímulo auditivo, todos vimos algo parecido, cierto resplandor, luminosidad, etc... Es muy poco probable que se trate de una imagen generada por la mente, sino más bien de un estado de percepción alterada que abre niveles de mayor sensibilidad. Desde esta sensibilidad expandida es capaz de registrar aquello que ya está presente, pero que no es perceptible con la sensibilidad de nuestro estado ordinario de percepción.
De este modo, el delirio y la alucinación representan una deformación de lo neptuniano, una traducción incorrecta de aquello con lo que el estímulo sensible de Neptuno permitió entrar en contacto. Neptuno no tiene la función de provocar confusión o generar alucinaciones, sino la apertura sensible a la percepción de otro orden de realidad.
Por ejemplo, gracias a Neptuno yo puedo percibir el déficit o la carencia de amor que mi pareja está teniendo. Pero, si esto lo traduzco como “entonces tiene un amante” (delirio celotípico) estoy interpretando de un modo incorrecto lo que percibí correctamente; es decir, estoy construyendo una interpretación incorrecta de una percepción correcta. También podríamos decir que por no contar con una estructura de personalidad suficientemente madura, la percepción de una situación objetiva (“falta amor en mi pareja”) se traduce en términos muy lunares, en extremo personales y subjetivos (“quiere a otro, no me quiere más a mí”).
Por su parte, la esquizofrenia tal como fue comentada, como este corte abrupto entre emociones anuladas por un lado y el cuerpo y mente por el otro, se corresponde con una distorsión de la cualidad de Urano.
En realidad, Urano no es esto. Urano es la experiencia de la libertad y creatividad del universo, la posibilidad de percibir que, en realidad, estoy protegido en lo abierto y estoy contenido en lo libre, que no necesito cerrarme en formas definitivas para sentirme protegido.
Urano propone una experiencia de difícil aceptación para lo humano: estar abierto a que cualquier cosa puede ocurrir y que no hay forma de “reducir a cero” el riesgo. Esto es intolerable para el yo que intenta proyectarse hacia el futuro con cierta previsibilidad.
De este modo, la esquizofrenia parece una reacción extrema a este grado de incertidumbre que anuncia la cualidad uraniana. Representa una reacción de corte o pérdida definitiva de contacto con la realidad, que deja en evidencia lo intolerable que resulta participar de ella siendo consciente de esta imprevisibilidad existencial.
Por último, la psicosis maníaca-depresiva se caracteriza por “picos de subas y bajas”, donde aparece la culpa, la pulsión, la impotencia y la omnipotencia. Todo parece relacionarla al contacto con la cualidad de Plutón.
En verdad, la conducta que busca culpables está delatando la incapacidad de ese yo para sostener el dolor de la experiencia. Plutón es la función que nos permite reconocer la presencia del dolor como constitutiva de la realidad. Sin embargo, la búsqueda de culpables indica la no aceptación de que el dolor forme parte de la realidad, sino que “el dolor debe tener un responsable, es un error, una falla deliberada”. Buscar un culpable del hecho doloroso, delata la fragilidad con la que se está expresando la función saturnina y que lleva a que la persona no pueda sostener la intensidad plutoniana que ese acontecimiento está proponiendo.


Como conclusión, podemos decir que teniendo una presencia importante y enfatizada de transpersonales en una carta natal resulta clave desarrollar tonicidad saturnino-jupiteriana, para poder elaborar aquella desorganización que, por su propia función, los planetas transpersonales tienden a promover.
En cambio, recurriendo al mandala de planetas personales, podríamos decir que las neurosis y las perversiones más habituales resultan más accesibles a la conciencia y que, por lo tanto, representan las patologías características de lo que podríamos denominar «dimensión personal».
 

Entrevista a Eugenio Carutti en Mantra FM

Diciembre 1999 - Astrólogo argentino de una larga y reconocida trayectoria director de la escuela de Astrología Psicológica Casa XI


Podría hacer una breve introducción de cómo funciona Casa XI en el área de la astrología y en qué se diferencian del resto, si es que hay una diferencia?

Eugenio Carutti: Creo que la hay; la diferencia posiblemente esté en que yo fui formado en la astrología desde chiquito, y de alguna manera conozco muy bien el camino y sé de es lo que le pasa a una persona estudiando astrología y cuáles son los puntos de cristalización y cómo le afecta a uno la astrología.
He investigado mucho cómo el contacto con lo esotérico en general afecta a las personas.
Para decirlo rápidamente, creo que lo esotérico muchas veces es una coartada muy grande para la neurosis; es muy común que la persona que entra (o es llevada) a aquellas zonas que están más allá de lo habitual en la cultura, aún genuinamente, no esté preparada para hacerlo y se descompense psicológicamente de una u manera, y hay muchas triquiñuelas cuando uno investiga estas cosas en cuanto a sentirse superior o que se está más allá de los problemas habituales, que se ha trascendido el nivel psicológico (cosa que es muy común escuchar). En general esto produce grandes disociaciones y enrigidecimientos.

Lo que observé a lo largo de mi vida, específicamente con la astrología, es que la astrología tradicional tiende a reforzar el anhelo de control característico del ser humano; querer predecir, querer saber lo que va a pasar, creer que se sabe exactamente cómo son las demás personas, tenerlas clasificadas, e incluso después, en la práctica de la astrología, ejercer mucho poder sobre el consultante: suponer que el astrólogo sabe cómo es esa persona y qué le va a pasar, crea un factor de mucho poder y de mucha manipulación.

En mi observación de todo esto también apareció con mucha claridad qué es lo que le pasa a la persona que hace eso; cómo se va poniendo rígida, cómo pierde sensibilidad, cómo pierde contacto. La astrología, a diferencia de otros caminos, tiene una tendencia a llevar hacia el plano mental con mucha fuerza, y muy habitualmente eso facilita hacerse rígido y empobrece mucho.
Cuando Casa 11 comenzó, la idea básica era no crear un lugar que tuviera que ver con la astrología tradicional, sino un lugar en que se pudiera preservar el misterio de la astrología, en el sentido de poder mantener vivo el hecho de que, si la astrología existe, es porque hay una relación "viviente" entre el cielo y la tierra, entre las estrellas y el ser humano; que la astrología no es un conocimiento, no es una herramienta para que el ser humano sepa más y controle más, sino que creo que es al revés, es un misterio, y si uno entra correctamente en ese misterio, la astrología lo transforma a uno, lo pacifica profundamente, y lo lleva a un punto de enorme contacto con los demás seres humanos, con la naturaleza, con el cielo, en el cual uno se da cuenta de que no es para nada necesario preocuparse por el futuro.
Yo creo que esta es la paradoja con la cual se intentó construir Casa XI: desarrollar un contacto con la astrología que haga que el astrólogo no sienta necesidad de saber el futuro.

Cómo convive con los astrólogos tradicionales? ¿Es criticado?

Desde un punto de vista, uno escucha críticas, bastante fuertes a veces, pero yo creo que a esta altura lo que hay es una sensación de respeto; puede haber discrepancias, pero no ataques, por lo menos no lo siento así.
Lo que hacemos en la Casa 11 es muy sincero en este sentido, en el sentido que yo sé profundamente lo que le pasa a un astrólogo porque fui astrólogo "predictivo", estuve obsesionado con el futuro, y cometí todos los "pecados" de la astrología; así que esto es "desde adentro" digamos, no es "desde afuera"; es una profundización, no una crítica.
Es cierto que fui formado muy tempranamente en lo que se llama astrología esotérica, en una percepción completamente distinta desde el principio, pero de todos modos la práctica de la astrología me llevó a tocar estas complejidades.

Cuál es su opinión sobre ellos? Cómo ve al astrólogo de la línea tradicional? Cree que la astrología predictiva miente?

Mi observación es que a esas personas se les ha entregado un maravilloso diamante y lo utilizan solo para cortar vidrio; es como si tuvieran una joya inmensa y con ella se dedicaran simplemente a tener una vidriería; es la sensación de que están en contacto con algo que no logran soportar.
Si uno se toma en serio la astrología, tiene que sentir en todo el cuerpo que toda la cultura humana está hecha al revés, y eso no es fácil de soportar; comprometerse en serio con la astrología produce cambios emocionales y corporales muy grandes, sino no se puede hacer.

Es decir, la astrología es un proceso de transformación?

Absolutamente. La astrología es la patentización de que el ser humano y el cosmos son una unidad; esto no puede ser algo mental, algo intelectual, no es algo racional. Es algo integral, algo existencial, y cuanto más investigás en la astrología más tenés que revisar los "supuestos" anteriores.
Uno entra de una manera y la astrología lo va transformando a uno. Si no ocurre esto es que uno tomó la astrología como un instrumento y no se deja transformar; convirtiéndose la astrología en un apéndice de lo que uno era antes. Justamente ahí es donde nosotros apuntamos: que la astrología lo transforme a uno y haga que el que la estudie, básicamente tenga que encontrarse profundamente con sus miedos, esos miedos que hacen que uno quiera controlarlo todo y quiera saber todo.

Qué elementos utiliza la astrología para ese proceso de transformación?

Nosotros hacemos un trabajo que pone mucho énfasis en lo vivencial; trabajamos con visualizaciones, imágenes, dramatizaciones, juegos, dibujos, música, el cuerpo, y además con lo racional: las matemáticas, la investigación, en el sentido de que es una articulación compleja.
Pero la herramienta principal es, digamos, cómo uno lee la carta natal: básicamente ésta es un mapa energético de una persona que puede funcionar de muchas maneras. Hay una forma básica en la que puede funcionar, pero eso cierto solo si uno supone que la persona va a reaccionar como reaccionan todos los seres humanos habitualmente.
La carta natal es un mapa de energías; y lo que le pasa a la persona es cómo reacciona a las energías de las que está constituida. Y uno puede aprender a responder a las energías en forma más integrada y en consecuencia suceden otras cosas, imprevisibles. Este es un concepto fundamental: la astrología tradicional dice que el mapa astrológico es lo que le pasa a la persona y lo que la persona es, y yo creo que no es así. La carta natal es una radiografía de la estructura energética de una persona, pero la psiquis y la personalidad de la persona reacciona a esta energía y en principio no la comprende, rechaza partes de sí mismo, se defiende del caudal energético del cual es portador, y entonces es como si la persona se ubicara en una porción de su carta natal; como si fragmentara la estructura energética y dijera "esto soy yo, y el resto de la carta natal no soy yo", "esto soy yo y esto es lo que me pasa"; éste es el enfoque habitual, que es fragmentario...

En una carta natal hay energías buenas y malas o hay distintos tipos de energía?

Bueno o malo es una manera de pensar profundamente incorrecta; no hay nada bueno o malo, lo que hay son intensidades y complejidades a las cuales es más o menos difícil adaptarse.
Hay "instantes de nacimiento"; es como si hubiera una configuración energética en cada momento; ahí nace una persona. Ese momento puede tener una intensidad y una complejidad muy grande, puede ser muy difícil para vivir, puede ser muy difícil cuando un ser humano encarna esa energía, porque es compleja, es muy rica, es muy intensa.
Desde el punto de vista de lo que los humanos definimos habitualmente como "felicidad", puede ser que ese instante sea "malo", pero lo que en realidad es incorrecto es la definición de "felicidad" que tenemos los seres humanos que es para todos la misma. Cada ser humano va a encarnar un cierto caudal de energía y va a aprender a lo largo de su vida cómo moverse con ese caudal, y en algunos casos eso es muy complejo, es como si esa vida llegara hasta cierto punto de aprendizaje y luego se bloquea, quedó ahí, pero quién puede juzgar si es bueno o malo. Ese juicio de "bueno" o "malo" viene de un paradigma que dice: "ésta es la felicidad y esto es lo que tendríamos que ser".

Me dice que "bueno" o "malo" no, pero por otro lado hay un proceso de transformación; ¿transformación de qué?

Transformación tiene que ver con cómo se transforma la conciencia, la mente de la persona, la capacidad emocional, la estructura corporal, como para dilatarse y poder "vehiculizar" más energía, de la energía que le corresponde.
Generalmente es como si nos achicáramos o restringiéramos, y entonces se puede ver que, por ejemplo, una persona tiene mucha energía de Plutón y esto hace que la persona tenga cierto esquema corporal, el esquema corporal de resistencia a ello, no de entrega a ello.
El cuerpo se contrae, las emociones circulan de cierta manera, toda la energía circula de cierta manera, se forman ciertas ideas que están ligadas a esa estructura que son arquetípicas, que es cómo la humanidad ha encarnado históricamente esa intensidad, y todos los seres humanos se tropiezan con esa piedra en ese punto, y entonces uno tiende a creer que Plutón es eso, y Plutón no es eso. Esa es la piedra con la cual todos los seres humanos tropezamos cuando encarnamos la energía de Plutón.
El tema es ir encontrándole otra vuelta, aprender a significarlo de una manera diferente, dilatar el sistema emocional para que esto circule de otra forma y trabajar incluso el cuerpo como para que eso se pula; porque en este caso, diciendo Plutón, se trata de una persona que tiene una intensidad muy alta, y cómo va a vivirla, o sea: ¿podrá esa persona descubrir todos los malos entendidos, todas las dificultades que los seres humanos históricamente hemos tenido para encarnarla, y hacer un movimiento nuevo?

Uno debiera hacerse vehículo de la energía que trae en una carta natal?

Uno es vehículo de esa energía, y generalmente es un vehículo "pobre", digamos, y todos los conflictos surgen que a uno, para lo único que le da, es para ser un vehículo "pobre". En la medida en que algo se dilata, se entrega, cede en cierta manera de desear, pensar, sentir, lleva a que la energía circule de una manera cristalizada; algo circula con mayor libertad y creatividad y ahí el astrólogo ya no puede predecir. Esa persona se comporta de una manera más creativa. Se puede predecir el tipo de energía que está en juego, pero no cómo la va a vehiculizar, qué va a hacer con ella la persona.

En qué beneficia hacerse una revolución solar?

Lo difícil para la persona que hace astrología es que la persona que viene a consultarlo está en otro paradigma.
Una persona generalmente pregunta por su felicidad, por objetivos que no son singulares de ese ser, sino por los objetivos colectivos, digamos; y la persona que viene a consultar, en principio no se acerca a un proceso de singularización, es decir de comprender que hay una fuerza en esa estructura energética que lo está llevando al núcleo de sí mismo, y que para eso muchas veces frustra sus deseos conscientes.
Y tiene que frustrarlos, porque si no lo hiciera, la persona no sería sí misma.
Uno en la experiencia ve una carta natal y es como si viera que una persona tiene potencialidad de ser una violeta, otra es un lirio, otra una orquídea, y lo malo es que todos quieren ser rosas; y la gente sufre porque no es una rosa, y no puede aceptar que una violeta es distinta de una rosa: es más chiquita, no tiene espinas, es distinta; entonces todos quieren ser rosas, y ahí hay mucho sufrimiento.
Hay sufrimiento en lo que le pasa a la persona, hay algo de su potencialidad que no se expresa y eso provoca un destino complejo. Para poder aceptar su propia naturaleza tienen que pasar cosas que vayan en contra del camino de la rosa; el camino de la rosa es una ilusión.
Todo esto es sumamente complejo, porque la persona que viene a hacerse una carta natal y después se hace la revolución solar, lo que te está pidiendo es: "¿voy a ser rosa?".
Y, ¿qué le se le puede decir? O sea, ¿cómo se le da volumen a esto? En ese sentido, creo que la práctica astrológica está todavía muy condicionada con esta cosa extraña de que uno consulta al astrólogo, hace la carta natal, una entrevista de dos horas, y el astrólogo le tira un "baldazo" de cosas que la persona no puede asimilar; y después una vez por año va y hace su revolución solar. Creo que eso es muy pobre.
Nosotros hemos intentado mucho introducir otro paradigma de entrevista que es hacer varias entrevistas con el astrólogo, espaciadas en el tiempo, y tomarlo más como un seguimiento, como un acompañamiento de un proceso que cada tanto en el tiempo es bueno que la persona vuelva a hacer como un trabajo de afinación, digamos.

Recibo toda esa información y ¿qué hago después con todas estas energías que me dice que tengo?

Claro, eso no te va a cambiar nada; es mucho más pertinente decir muy pocas cosas y apuntar allí al punto donde la persona está fija, donde la energía no circula porque se ató a algo. Si eso se destraba, la energía circula sola y empiezan a pasar cosas solas, el astrólogo no cuenta para eso, es la vida de la persona la que actúa, porque algo se destrabó. Y eventualmente es bueno, que esa persona vuelva a consultar después de cierto tiempo, a ver cómo esto se va acomodando, cómo puede comprender ese movimiento de reacomodamiento.

Tiene elementos el astrólogo para ayudar a una persona a destrabar esa energía que puede estar trabada?

Si el astrólogo hace un trabajo profundo consigo mismo y habla desde el corazón, sí. Lo que no creo que haya que hacer es dar consejos: "tendrías que hacer esto", "tendrías que hacer lo otro"; creo que todo eso es muy pobre. Pero hay un momento en el encuentro o la entrevista en que si el astrólogo realmente habla desde el corazón, se toca muy fácilmente la piedra en la cual todos tropezamos; si el astrólogo ya pasó por ahí, si sabe de qué se trata (de alguna manera tiene que saber de qué se trata, porque si no el consultante no vendría a consultar a ese astrólogo; para la astrología todo encuentro es un destino, las cosas no se dan por casualidad, tiene que haber una afinidad de destino para que se produzca un encuentro), si el astrólogo juega a fondo esa afinidad del destino, ahí se mueven cosas.

Hablando de destino; la astrología y el destino, ¿cómo andan? Ya estaríamos en el terreno predictivo...

Para aclarar en este sentido, utilizo esta frase: "El destino es lo que ignoro de mí mismo"; la sensación de destino es la propia naturaleza que va floreciendo, que va emergiendo. Esto es lo que uno es; lo que uno es, va apareciendo, y uno no sabe quién es, lo va descubriendo, y uno habitualmente se asusta al descubrir quien realmente es.

Alguna vez se le dio por fijarse cómo es la carta natal de una persona cuando nace y cuando muere, si hay algo que llame la atención o no? Es decir, la persona viene con una energía, y cuando se va ¿con qué se va? ¿Se han hecho estudios sobre esto?

La carta natal es la misma, lo que se podría ver es cuáles son los tránsitos y cuál es la dinámica de la carta natal en ese momento. Lo que se modifica no es la estructura energética; lo que se modifica es el modo en que una persona la encarna. Astrológicamente, es como si hubiera algo en nosotros que es atemporal, que es eterno, que dura toda la existencia, que es esta energía. Lo que va cambiando es el modo como se expresa.

Se va mejorando la energía con la que vinimos?

ésa es la idea; se puede expresar con mayor integralidad, con mayor intensidad, más sutilmente, o la persona va a quedar envuelta en las contradicciones, en los nudos de esa energía no pudiendo expresarla o expresándola pobremente. La idea básica es eso: la energía que no expreso, me sucede desde afuera.

Así fuera malo?

"Malo"... es que no es malo, es equilibrante.

Hablemos de la agresión, por ejemplo...

Eso, hablemos de la agresión. Una persona tiene mucha energía de Marte, por ejemplo; y esa persona, por alguna razón de su carta, y de la cultura, y porque quiere ser rosa, dice "no, no, pero yo no soy violento, yo soy pacífico". Esto es falso, esa persona tiene mucha energía de violencia y tiene que comprenderla, tiene que trabajarla y tiene que sutilizarla, pero primero tiene que aceptarla, porque esa energía está aunque no le guste.
Esa energía que inicialmente es de violencia, también es energía de decisión, definición, de acción. Ahora, si la persona por alguna razón dice "no, no, no, yo no soy violento", eso no es cierto; es su creencia de que no es violento. Hay violencia en su vida: entonces, es muy tranquilita, y viene un auto y lo choca, porque tiene que haber violencia. Otros encarnarán esa violencia para uno y la persona vibrará con violencia; porque choco, porque me asaltan, porque me golpean; yo no fui, es el destino.

Cómo tiene que tomar una persona que lo chocan, que le roban...?

Tiene que tomarlo como una indicación de quien realmente es; que hay energía de violencia en ella aún no comprendida, "obligatoriamente": la persona tiene que vivir en su vida la vibración que es. Si yo me niego a vivirla, a aceptarla y trabajarla, esto sucede a mi pesar.

Qué sería negarse a vivirla?

Yo tengo una vibración por ejemplo que es muy deseante, de mucha fuerza, de mucho empuje. Yo me niego a vivirla: medito todo el día. Pero está en mi vida; alguien la encarna, entonces viene alguien y me roba, o maneja otra persona y choqué. ¿Por qué? Porque hay una carga vibratoria que, tengo que vivirla; en la medida que yo no la expreso, no puedo trabajar con esa energía y sutilizarla, no aprendo de ella y se me impone fatalmente.

Cómo tendría que trabajar con esa energía?

Primero, reconocerla; después, darme cuenta del miedo que le tengo a la violencia, al deseo. Aceptarlo e irlo integrando con el resto de mi estructura. Al principio voy a creer que soy una especie de monstruo agresivo; ¿por qué?, porque estaba separado de mí y yo construí una imagen de mi en oposición a eso. Después esto se va a integrar, se va a diluir y va a entrar en proporción; y en la medida en que se vaya integrando, esto que al principio aparecía como violencia desmedida se va a convertir en empuje, decisión, capacidad de acción.
Pero si yo tengo mucho Marte, seguro que soy una persona muy dinámica; ahora, el primer paso de una persona muy dinámica es hacerse cargo de la violencia que hay en ella, porque si soy dinámico quiere decir que invado, ¿se entiende? Pero si yo digo "no voy a invadir nunca", no soy dinámico; yo tengo que comprender la energía de la violencia, comprenderla en mí; no juzgarla, diciendo "esto es malo, entonces no quiero serlo"; no puedo hacerlo, porque está en mi.

Está y se transforma, o sale por otro lado?

Está; si no hago nada, esto va a estar en mi vida; lo va a encarnar otro y lo voy a padecer. Si lo acepto, tomo contacto con ello y aprendo de mi Marte, por decirlo así, eso se despliega, evoluciona, se sutiliza, y se va convirtiendo en los niveles más creativos de Marte, o cualquier otro planeta.

La fama de los escorpianos...

Lo que existe es una totalidad que nos muestra que son necesarias las doce partes del zodíaco, que cumplen una función que tiene un sentido; cada signo tiene su función, cada signo tiene su sentido. El tema es comprenderlo. Por supuesto que en este paradigma humano de que todos queremos ser rosas, uno dice "todos tendríamos que ser de tal signo, y tal otro es un horror", pero esto es así, es como si dijeras que todos queremos ser rosas y entonces el que nació cala que se mate. Pero eso es no comprender la naturaleza de las cosas.

Cómo funcionaría el tema de los opuestos en los signos; es decir, qué debiera yo observar en mi signo opuesto, y cómo interactúan energéticamente hablando?

Bueno, ése es uno de los conceptos fundamentales. Cada signo está íntimamente ligado a su opuesto; comprender el signo opuesto es comprender la propia naturaleza, porque la energía es oscilatoria; no es algo que está fijo, sino que se mueve y circula, y siempre va de un polo al otro polo; si yo no comprendo el otro polo, cuando la energía va hacia el otro polo me tensiono, algo entra en conflicto.
La comprensión de los opuestos es esencial en el trabajo de integración; esto lo trabajamos nosotros en el segundo año del estudio, en el primer año se estudian los signos como en secuencia (Aries, Tauro, Géminis, etc.); en el segundo año se los vuelve a estudiar, pero por polaridades (Aries-Libra, Tauro-Escorpio, etc.). Eso permite ir comprendiendo el ritmo implícito que tiene la energía, la energía siempre va a ir hacia el opuesto y va a volver, pero en el momento en que va hacia el opuesto, como yo no lo reconozco, ahí antagonizo y ahí se arma un conflicto. Más profundamente uno después va descubriendo que la energía se mueve en cruces, en triángulos, en forma de flor.

Esto de los ritmos, de la energía que va y que viene; este "ir", en un signo opuesto al mío, ¿qué es lo que yo más tengo que observar: aquello que me molesta, aquello que es una virtud del otro signo? Por ejemplo, ¿qué pasa si yo me empiezo a relacionar con mucha gente de mi signo opuesto? Sería llamativo, tendría que estar atenta a ver qué se me muestra?

Para simplificarlo, digamos que si yo tengo mucha carga con cierta persona o con cierta energía, que me atrae muchísimo, o la detesto, eso está indicando que hay algo que está resonando en la propia estructura que yo no reconozco en mí. Hay una carga muy fuerte que está puesta allí "afuera", y ese es un indicador de una energía que está en mí y que no está siendo reconocida. En principio, uno es atraído por las personas, de esta manera ambivalente digamos, le suceden como el peor enemigo o le suceden que se enamora de ellas, con estructuras energéticas que uno tiene negadas.

Debiera reconocer en el otro algo propio?

Debiera reconocer en el otro eso que me molesta; esto es fundamental. Un efecto típico del alumno de primer año que estudia astrología es que comienza a estudiar los signos y dice "ay, sí, tal signo es horrible, los brutos de los arianos, los posesivos de los taurinos, los superficiales de los geminianos, los soberbios de los leoninos, etc."; todo el mundo habla mal de todos los demás signos. En el mismo final del primer año ya algo se desarma; digamos que es clave comprender que todo signo tiene ciertas cualidades, y por el solo hecho de tener ciertas cualidades tiene ciertas dificultades, tiene máximos y mínimos, ninguna parte es perfecta, solamente la totalidad puede ser perfecta, y para que la totalidad sea perfecta, yo tengo que tener comprensión y capacidad de juego y fluidez con todos los demás signos.

Ahí estaría la trascendencia?

Claro, pero el primer paso de la trascendencia son los vínculos. En la astrología se estudian los vínculos; lo que me pasa con las personas es una radiografía de la estructura interna y de la mayor o menor capacidad para resonar con el conjunto del universo. Si uno quiere resonar con las estrellas pero no resuena con la persona que está al lado, ahí vamos mal. En la astrología se ven los vínculoscomo una unidad; cósmicos y personales al mismo tiempo.

A quién tendría que estar prestando más atención desde lo energético y desde lo que tiene que ver con esto de los signos: a mi signo opuesto, o simplemente a un signo con el que siempre me fue mal o con el que nunca me llevé?

Para empezar, como algo muy elemental digamos, si yo detesto sistemáticamente a un signo, empecemos a trabajar allí. Ciertas características de personas que recurrentemente vienen a mi vida y a mí no me gustan, trabajemos allí. ¿Cuál es el principio? El principio es que energéticamente yo voy a estar siempre en equilibrio; energía que yo no encarno, me encarna otro para mí, porque tiene que haber equilibrio. Pero como yo me llevo mal dentro mío con esa energía, también me voy a llevar mal afuera, voy a tener siempre afuera alguien con el cual me voy a llevar mal. Si uno descubre eso, descubre que el afuera es un espejo del adentro, el cómo me llevo con las personas pasa a ser esencial, no es un problema moral o de buena conducta, es un problema de salud energética. Diríamos: uno, en estado de salud profunda, no se lleva mal con nadie, no puede llevarse mal con nadie, porque hay una capacidad de contacto con todo lo que lo rodea a uno.
Puede haber mayor o menor afinidad, pero no es un problema de ser bueno o de ser malo; es un problema de integración. Un ejemplo: un signo del cual uno tiene que aprender mucho es el signo del ascendente, es algo que va apareciendo y siempre hay muchas personas en la vida de uno que encarnan esa energía. Capaz que una persona que tiene mucha energía del signo del ascendente me hace algo que es terrible, me hace algo malo, y yo quedo muy mal con eso. Ahí, el punto fundamental es: ¿puedo comprender cuál es el miedo que hace que esa estructura energética se comporte de esa manera que me hizo mal? Porque hay una razón profunda, no porque es mala; entonces yo voy descubriendo cómo esa estructura energética que yo tengo esta ligada a ciertos miedos, ciertas conductas que hacen sufrir; entonces puedo comprenderla profundamente en mi. Después arreglaré cuentas con ella, pero hay que ver que tuvo un sentido profundo ese desencuentro, tiene la cualidad de hacerme comprender un aspecto de mí mismo que hasta ese momento estaba en sombra o a oscuras.

Entonces, ¿cómo tendríamos que tomar el tema del ascendente?

El ascendente es una energía que yo tengo con mucha fuerza pero que generalmente no me identifico, no me reconozco en ella y no la expreso plenamente; entonces me pasan muchas cosas relacionadas con el ascendente, y en esas cosas que me pasan está la energía que tengo que aprender. Por ejemplo, si soy ascendente en Aries, es posible que conozca muchas personas violentas, o deportistas, o muy rápidas o muy invasoras. Al principio eso me asusta, pero después iré descubriendo que eso forma parte de mí.

Tiene alguna relación con los conceptos de Alice Bailey?

Sí, fui formado en la línea de Alice Bailey.

Hay información esotérica en la carta natal?

La astrología es un lenguaje; es un sistema simbólico altamente efectivo para distinguir vibraciones. Digamos que es una distinción de vibraciones de tipo mental, básicamente. Los colores, por ejemplo, son una distinción de vibraciones de tipo astral; es a través de otro vehículo, así como hay casos de personas que hacen una distinción auditiva de la vibración.
La astrología es un código de tipo mental, pero que tiene sus equivalentes; por esto nosotros trabajamos con visualizaciones. En ellas cada signo tiene su color, hay colores, sonidos, texturas, hay "sensorialidades" ligadas a cada signo. Lo que tiene la astrología es que, al ser un mapa muy global, es muy complejo y muy rico; es como un holograma muy complejo que no se reduce con mucha facilidad a uno o dos colores. Es un tapiz de muchas hebras, y además te va mostrando el ritmo cíclico de ese tapiz; puede ser que en un momento predomine una cierta coloración y en un momento otra. ése es el tipo de información relativa a la energía que te da la astrología: con otro tipo de sensibilidad y de lenguaje, uno capta de otra manera, por otros caminos. En un punto, una persona con una sensibilidad muy alta puede captar cualidades muy sintéticas, a través del color, o la vibración o lo que sea; la astrología, en este sentido, es más analítica, tiene más que ver con una serie de detalles y con una estructura compleja. Creo que son caminos que llevan al mismo lugar y que expresan distintas cualidades, distintos tipos de sensibilidad.

Qué está pasando a nivel planetario que hubo todo un movimiento en el año 99' con el 11 de agosto; qué está pasando ahora con el cambio de milenio qué viene; cuál es su opinión sobre este tema? O sea, hay una astrología para el planeta, también.

Yo diría que estamos en un momento extremadamente rico; limitándolo un poco, lo pondría desde principios del año pasado hasta mayo del año que viene. Desde el punto de vista astrológico hay un cierto tipo de concentración de energía que yo creo que tiene que ver con una definición muy profunda, como que algo se está definiendo muy profundamente en muchos niveles, para cada individuo, en lo colectivo y en la civilización, en la relación entre el ser humano y el resto de la naturaleza, en la materia de la tierra. Si vamos a hablar con mucha amplitud, acá se están produciendo movimientos que tienen que ver con que la Tierra está entrando más en contacto con el Sistema Solar, está expresándose en un nivel más profundo, está entrando en resonancia mucho más grande con el Sistema Solar, y esto implica una crisis para la Tierra, para el "ser" de la Tierra, no solo para la Humanidad, que es una parte de ella. Esto implica una crisis para todos los reinos de la naturaleza y una transformación.
Desde el punto de vista de la Humanidad, creo que es muy difícil hablar de esto, porque acá hay un cambio de era, y esto implica un cambio total de lo que creíamos que era lo verdadero; entonces al que está muy identificado con las creencias y lo que era verdadero en el ciclo anterior, lo que viene le parece abominable; está esperando que suceda un cataclismo para que se le confirme que la cosa no va para el lado "horrible" que él está viendo que va. Yo creo que la verdad no es un punto fijo, la verdad cambia; lo que le parecía verdadero a la limitación de la conciencia humana (por más excelsa que haya sido) en un ciclo anterior, de pronto descubre otra cosa nueva, porque se va revelando algo más complejo y más rico, que antes no podíamos verlo. Entonces, en este sentido, yo creo que va a emerger mucho más cierta cualidad propia de la especie humana que es el pensamiento; yo creo que al pensamiento hay que entenderlo no como un fenómeno humano, sino como un fenómeno planetario, digamos; es la Tierra la que crea al hombre y es la Tierra la que hace que el hombre haga ciertas cosas. Todavía creemos, tanto desde la omnipotencia como desde una supuesta sabiduría, que el ser humano puede hacer lo que quiere, y esto no es cierto; el ser humano es una expresión de la evolución de la Tierra y tiene sus límites para moverse; la energía de la Tierra es la que está manifestándose, y creo que se está manifestando un momento de la energía de la Tierra que es transformarse a sí misma a través del pensamiento. La Tierra -como parte del Sistema Solar- creó el pensamiento en el ser humano y a partir de eso se transforma a sí misma, se altera a sí misma, hace cosas que no podría haber hecho por otro camino. Y esto es un nivel; es un nivel de algo que evolutivamente se expresa, y esto tiene que ver (creo yo) con esta explosión tecnológica. La tecnología no es un fenómeno humano, es un fenómeno planetario; es la vida de la Tierra que hoy es tecnológica. Dentro de esta evolución, creo que muchos seres humanos van a identificarse plenamente con este movimiento, con encarnar este pensamiento manipulador, esta energía de tercer rayo (si leíste a A. Bailey); la van a encarnar y esto va a crear cierto tipo de civilización, y esto es lo que tiene que ser en esta etapa,aunque también en ese movimiento hay una desconexión muy profunda con algo esencial; pero al mismo tiempo creo que, como en ninguna otra época, va a haber una masa crítica de seres humanos que van a expresar otra energía mucho más sintética y de correcta relaciones, que va a ir balanceando este movimiento.
Creo que estamos en un punto crítico; desde el punto de vista individual, es un momento de definición, para qué lado va uno; si va a engrosar este torrente de pensamiento frenético que crea y combina, crea y transforma, o si va a engrosar la fila de lo que equilibra esto, que es una energía de mayor sensibilización, una captación de globalidad, un compromiso más profundo con el florecimiento de todo lo que existe. Esto no es ni bueno ni malo, es responder a la naturaleza profunda de las cosas. Pero en este sentido creo que estamos en un momento crítico desde lo individual; va a haber muchas definiciones en este sentido.

Más concretamente, cuando habla de definiciones, ¿qué es lo que quiere decir?

Quiero decir que es como una divisoria de aguas, no en el sentido arquetípico y soberbio de que éstos son los elegidos y éstos son los réprobos, sino de que habrá un predominio de cierta modalidad de energía, y otros tendrán la posibilidad de encarnar una energía que es más compleja, difícil de vivir, pero que es imprescindible para el balanceo evolutivo. Puede ser que uno se identifique con lo dominante y gire ahí; puede ser que haga un movimiento más complejo y más rico, y que esto balancee más. En este sentido, cuantas más personas hagan el movimiento más integrado y más rico, más balanceado va a estar todo.

De no ser así, ¿qué pasaría?

De ser así, creo que hay una oportunidad de que el hombre desarrolle mucho su nivel mental y al mismo tiempo se abra en un nivel que podríamos llamar "espiritual"; si no hay suficiente nivel de masa crítica de personas que se abran en un nivel espiritual, (esto es como una puerta que está abierta y se va a cerrar); en diez o quince años más esa puerta se cierra, y no se produjo cierto equilibrio, la Humanidad va a girar por un largo ciclo en un gran poder mental, pero pobre espiritualmente. En ese sentido creo que es un momento muy importante; ya no tiene que ver con la voluntad, tiene que ver con la disponibilidad.
No creo que nadie pueda hacer algo desde su voluntad en este período porque lo espiritual tambien va a ser distinto a otras épocas, sino estar disponible y no asustarse; si podemos responder a algo que nos lleve hacia lo desconocido; hasta donde alcanzo a percibir yo, la clave está en entregarse a lo desconocido, en entregarse a algo que uno creía que no iba a ser para uno. Esto es una clave de que algo se está abriendo, de que algo está saliendo de los patrones viejos y de que algo se está integrando.

Por qué dice que es hasta mayo del 2000?

Es que hay una gran concentración en el signo de Tauro; cuando hay mucha concentración en Tauro es que hay mucha definición, es como si algo definiera una dirección. Es un punto de mucha tensión, un punto crítico, en el que puede haber una gran crisis, pero que fundamentalmente es como si algo se acumulara con mucha intensidad y entonces define inexorablemente. Pero si antes de esa definición, uno se asusta, o se achica, entonces la cosa se le puede venir encima.

La astrología nos lleva a una espiritualidad?

¿Qué hay más espiritual que darse cuenta en cada momento de que uno es una partícula de una red que abarca todo el Universo? La astrología es espiritual; su origen es eso. Volviendo un poco al principio de la conversación: cualquier astrología que oculta esto, es que uno se apropió de la astrología, que uno la recortó. Lo importante es tener presente el origen de la astrología, porque a veces uno se confunde y cree que el origen de la astrología es la capacidad humana de darse cuenta de que puede predecir el futuro, y no es eso; lo que hace es que el ser humano de pronto se da cuenta de la realidad. Por supuesto que cuando nos damos cuenta de la realidad, lo primero que tendemos a hacer es aprovecharnos de eso; es nuestra miseria.

Cómo se lleva el horóscopo tradicional con el horóscopo chino? ¿Hay concordancias, no las hay, cuáles son?

Bueno, yo no soy un investigador dedicado a investigar en profundidad la astrología en diferentes culturas, pero distintas civilizaciones han encontrado correlaciones entre lo que sucede en la Tierra y lo que sucede en el cielo, con ángulos ligeramente distintos. El horóscopo chino responde a algo mucho más colectivo; la civilización china tiene mucho menos percepción de lo individual en el humano, por eso es más global y por eso se habla de "el año del buey" o "el año del dragón", pero en principio hay equivalencias bastante fáciles de hacer, hasta donde yo he investigado.

Qué significa la palabra "horóscopo"?

Tiene que ver con la visión del tiempo. En griego "horos" quiere decir hora, período de tiempo, y "scopos" visión.

Estabamos hablando que desde la astrología se encuentra y se conecta con la espiritualidad. Para la persona que por ahí hoy está en búsqueda de un camino y que no sabe (porque uno a veces asocia que el estudiar astrología tiene que ver con una salida o con un desarrollo en esa área), ¿qué es lo que ofrece CASA 11 o de qué manera funciona para que una persona se acerque a estudiar astrología sin tener que ser astrólogo?

La mayoría de las personas que estudian en Casa 11 no entran a ella proponiéndose ser astrólogos, entran atraídas por un proceso en el que van descubriendo algo que por ahora los atrae pero que no es necesario que se comprometan profesionalmente con ello; y a esta altura, el que se anota en Casa 11 sabe que va a iniciar un proceso de transformación personal con la astrología. Por ejemplo, en Casa 11 estudian muchísimos psicólogos y psicólogas, que no es que vayan a ser astrólogos, sino que van a utilizar la astrología dentro de su trabajo, y mucha gente en general que lo toma como un camino de transformación personal. Y también personas que van a trabajar como astrólogos y que van a enseñar astrología. El espectro de salida es muy grande; lo que a mí más me interesa es el proceso de transformación personal; después cada uno encarna lo que tiene que ser.

Es bueno hacerle una carta natal a un niño?

Es un tema muy delicado, suele generar mucha ansiedad. Digamos que hay que ser muy buen jardinero para dejar que un chico florezca, más cuando uno pretende saber algunas cosas del destino de ese chico. Los padres se asustan mucho, los padres en general tienden a manipular a sus hijos, entonces "si el astrólogo dijo tal cosa, entonces...". Es algo muy riesgoso; quizás una civilización mucho más sabia podría utilizarlo como un camino maravilloso para que creciéramos mejor, pero con nuestro grado actual de torpeza, lo que yo he visto es que se lo toma como un instrumento más para el control consciente o inconsciente que los padres ejercen sobre los hijos. Es de mucho cuidado. Yo he trabajado mucho con cartas de chicos, pero trabajar con cartas de chicos siempre es trabajar con las cartas de los padres. Lo importante es: el chico nació en cierto ambiente energético por alguna razón, y lo que está aprendiendo a vivir es la energía que está en esa familia; para que el chico crezca y evolucione, tienen que cambiar los padres.
Las congestiones energéticas del chico son justamente las congestiones energéticas de los padres, que no permiten que cierta energía se manifieste alrededor de ellos; entonces todo trabajo que se hace con carta natal de chicos es con los dos padres, es fundamental trabajar sobre la mejor circulación de la carta de los padres. Eso automáticamente revierte en mayores posibilidades para los chicos para encarnar su propia energía.

Y si de niño me hicieron una carta natal y mis padres no cambiaron, cuáles son mis posibilidades al no tener toda esta información?

A ver, digamos una situación ideal: si los padres se van ampliando, van floreciendo, y la energía circula, los chicos tienen muchas más posibilidades; si los padres no pudieron hacerlo, el chico tiene un trabajo más fuerte por hacer, va a tener que hacer lo que los padres no hicieron, que es lo que sucede casi siempre. Poniendo las metáforas del principio: si papá y mamá se tropezaron en esa piedra, yo llegaré hasta esa piedra, tendré que no tropezarme, tendré que darla vuelta y seguir adelante; tomar el trabajo que ellos no pudieron hacer, y seguirlo. En este sentido la energía se hereda; mejor dicho la dificultad con la energía se hereda; el chico nace con vibraciones en general muy semejantes a las de los padres. Y si los padres se niegan a expresar ciertas energías, esta inhibición va a ser heredada en el chico. Si fuéramos más sabios y pudiéramos trabajar bien con nuestros hijos, lo que es trabajar profundamente con nosotros, les aliviaríamos el trabajo. Uno haría lo que tiene que hacer, y que el chico arranque desde donde le corresponde a él.

Algún día en la Humanidad habrá más conciencia de quiénes somos y qué energía venimos a expresar. ¿Dejará la astrología de ser una herramienta útil, o siempre está ahí al alcance de poder darme más información?

Yo creo que puede servir muchísimo para la educación, pero también sería el momento en que pudiera florecer una astrología más compleja. Hoy por hoy estamos centrados en la carta natal individual, y la carta natal no es individual; la realidad son redes de cartas natales. Lo más rico es hacer cartas natales de familias, de generaciones, donde uno ve cómo la energía va encarnando y va buscando salida y va tejiendo redes; yo creo que en el momento en que demos un salto de mayor integración, va a surgir una astrología mucho más compleja, mucho más esencial, y seguirá siendo útil para procesos colectivos y para comprender mucho mejor nuestra verdadera naturaleza. Imaginate si toda la Humanidad tuviera claro que hay procesos cíclicos y ciertos momentos de cambio que son necesarios, si esto fuera un patrimonio colectivo y los gobernantes estuvieran en contacto con los movimientos cíclicos de la energía; sería muy útil. Pero antes que eso, lamentablemente, algún gobernante se va a querer aprovechar de la carta natal para que su país crezca más que otro, y esas pavadas.

Se hace eso?

Y, eso se hace. Siempre sale mal, por suerte. Yo creo que esto es importante: que el que sabe astrología o se acerca a la astrología se dé cuenta de cómo la avidez del ser humano hace que le pida a la astrología algo que no se lo va a dar; es como una ilusión, es la ilusión del control. La astrología es mucho más rica, no tiene que ver con el control, pero por eso la astrología termina fallando para el que intenta controlarlo todo. Si no fuera así, la astrología hubiera sido aceptada por todos. ¿Por qué la astrología falla? Porque no está ligada al control, está ligada a otra cosa mucho más profunda que es comprender la naturaleza de ciertas corrientes energéticas y aprender a acompañarlas, aprender a navegar con ellas, hacer mejor los movimientos con la energía.
No pensar que "va a pasar esto, entonces voy a hacer lo otro para que no me pase, y con esto le gano a otro"; eso es una mala comprensión de la astrología, y ahí falla la astrología, y es bueno que falle; esto es lo que tendría que comprender un astrólogo. Primer punto: la astrología tradicional, que dice que puede predecirlo todo, eso no es cierto, ningún astrólogo predice todo. Si hubiera uno que puede predecir todo, a esta altura toda la civilización hubiera aceptado la astrología, sería incontrastable. ¿Por qué ningún astrólogo puede predecir todo, por que es mal astrólogo? No; es porque éste no es el juego, el juego es más complejo. Entonces hay algo que no vemos, y que uno dice "si uno fuera mejor astrólogo, podría predecir todo". No es así, el juego es mucho más rico, mucho más complejo, no está predeterminado en el sentido de que cree el astrólogo que lo puede predecir todo. Lo que puede predecir el astrólogo es cuáles son las condiciones energéticas que se van a dar, lo que no puede saber es cómo vas a reaccionar, y esto es fundamental. Yo creo que es importante que el astrólogo acepte que lo mejor que puede pasar, es que suceda algo que no haya podido predecir; porque eso quiere decir que los seres humanos están más abiertos, más libres, y dan respuestas más creativas. Si sucede lo que el astrólogo predijo, es que la persona se comportó estáticamente.

Hay la relación entre la astrología y el karma?

Yo creo que aquí habría que meterse mucho con la palabra "karma"; acá también hay un paradigma que hay que profundizar, si esto que llamamos karma es algo individual o algo mucho más rico y complejo. Tomando algunas cosas que hablamos, el karma esencial es el karma de la humanidad; decir "éste o aquel karma" es fragmentar. Uno podría decir que cada uno tiene que aprender a encarnar la energía con la cual ha nacido, y cada uno va a quedar atrapado en los conflictos de la mala comprensión de esa energía. Esta mala comprensión, ¿es individual, o es humana? Somos los humanos los que no sabemos qué hacer con la violencia, el deseo, con el poder... Uno podría decir que hay una historia, que hay cierto tema que es más importante en una persona que en otra, pero yo prefiero pensar en términos colectivos, de que lo que tenemos que aprender es a salir de la cadena de causas y efectos de las humanidad. No me gustan las cosas que hacen que se acentúe la sensación de estar separado de los demás.

Así como antes comentaba que la astrología no era predictiva, ¿qué sucede con el pasado? A veces se escucha que en la carta natal se pueden ver vidas pasadas. ¿Es correcto, o también caemos en la predicción?

Yo creo que es un problema de enfoque; esto depende de la formación y de las creencias de la persona que hace astrología, el condicionamiento de cada uno es lo que uno ve: unos hablan de vidas pasadas, otros pueden decir que lo que ven son arquetipos, estructuras arquetípicas que son estructuras colectivas que dibujan imágenes, escenas. Yo diría: ¿es la vida pasada de ese ser, o es el pasado de la humanidad lo que está condicionando a esa persona? Creo que son maneras que tienen su función y su utilidad, y te vuelvo a decir, a mí no me gustan, yo prefiero no ahondar la sensación de exclusividad, de "lo que me pasa es por mí"; ya estamos en la psicología, de "lo que me pasa es por mi mamá y por mi papa, si hubieran sido otra mamá y otro papá sería otra cosa...", esto ya es una historia, digamos; y después le agrego la historia de que en otra vida yo hice esto y no hice aquello otro, y por eso me pasa lo que me pasa, etc. Esto refuerza la sensación de ego, me fija en milenios de ego. Y eso para mí no resuelve las cosas; creo que un camino mucho más sintético es decir "no importa quién lo hizo o quién no lo hizo; lo hicimos". Los humanos matamos, odiamos, robamos, hemos sido crueles, llenos de miedo, posesivos; no importa si fui yo o fuiste vos. Fuimos eso y aún somos eso y todos tenemos que hacernos cargo de eso.

Qué cosas puede tomar la gente de la energía que se está moviendo ahora en nuestro planeta?

Bueno, desde un punto de vista, esto del fin de milenio es una ilusión (sea el año 2000 o el 2001), qué significa que un chino, un japonés, un judío brinden por el fin del milenio, porque no es así para ellos; es algo ilusorio. Sin embargo creo que es una ilusión útil, en el sentido que me parece que está transparentando una posibilidad en la Humanidad de que haga un ritual, un ritual de invocación, de abrirse a lo nuevo, de terminar con el pasado y abrirse a algo que es nuevo, que es desconocido, y entrar en otra etapa. En este sentido creo que es un ritual significativo; si uno puede tomarlo más allá de la forma, más allá del merchandising, creo que realmente es una oportunidad para hacer una celebración, un ritual de despedida de lo viejo y de estar disponible para lo desconocido y que entre lo desconocido a la Humanidad, y perder el miedo a lo desconocido y a lo que nos abre; en ese sentido creo que vale la pena.

http://www.mantra.com.ar/Entrevistas/carutti.html

Acerca de las percepciones y las ideas - Alejandro Lodi

Alejandro Lodi

(abril 2011)

«Mi querido Jung, prométame que nunca desechará la teoría sexual. Es lo más importante de todo. Vea usted, debemos hacer de ello un dogma, un bastión inexpugnable». Me dijo esto apasionadamente y en un tono como si un padre dijera: «Y prométeme, mi querido hijo, ¡que todos los domingos irás a misa!». Algo extrañado le pregunté: «Un bastión ¿contra qué?». A lo que respondió: «Contra la negra avalancha», aquí vaciló un instante y añadió: «del ocultismo». (Carl Gustav Jung, “Recuerdos, sueños, pensamientos”).

El interlocutor en este diálogo que nos revela Jung no es otro que Sigmund Freud. La irremediable distancia entre ambos no es de ideas, sino de percepción. No se trata de un conflicto ideológico, sino perceptivo. La atracción de Jung por indagar en la pulsión hacia lo trascendente, su sensibilidad a la experiencia de lo transpersonal, desafiaba el sistema de creencias de Freud, para quien el registro de un mundo espiritual representaba el peligro de una “negra avalancha” que no haría otra cosa más que malograr el esfuerzo científico de “echar luz” al misterio del inconsciente humano. La percepción de Jung se arriesgaba más allá del límite perceptivo de Freud. Dar cuenta de la percepción de uno implicaba hacer entrar en crisis el sistema de creencias del otro.

Toda percepción se traduce en ideas, pero no toda idea necesita quedar inscripta en una ideología. No toda percepción se reduce a dogma. El dogma ideológico o religioso representa un sistema de creencias cerrado que condiciona la percepción. En el dogma, el contacto directo de la experiencia perceptiva es compulsivamente obligado a confirmar un complejo de creencias previas. Esa percepción directa de la realidad se transforma en una amenaza, en tanto es capaz de poner en crisis los supuestos perceptivos que organizan el sistema de creencias ya consolidado.

El sistema de creencias (ideológico, científico o religioso) surge de la necesidad de calmar el vacío de verdad. Existe una necesidad de creer. Es la humana reacción de desarrollar conceptos, imágenes o visiones que alivien el espanto de la incertidumbre existencial. Pero su costo es otra pesadilla: la cristalización de una verdad que pretende ser absoluta.

Tanto el credo ideológico como el religioso representan sistemas de creencias cerrados que cumplen esa función narcotizante: nos convencen de una verdad ya revelada y calman la angustia del sin sentido. La percepción es filtrada por ese marco de ideas, conceptos e imágenes. No obstante, tarde o temprano, la vida presenta alguna experiencia imposible de encasillar o de reconocer desde ese resguardo. Ese es el momento en el que el contacto directo con la realidad genera un impacto perceptivo que desborda nuestro sistema de creencias. Allí quedamos sumergidos en una crisis de fe.

Del mismo modo, también un estado alterado de conciencia o una experiencia cumbre pueden representar una vivencia perceptiva que va más allá de lo que nuestro sistema de creencias permite contener. Situación límite, estado de conciencia alterada oexperiencia cumbre representan contextos perceptivos que nos exponen tanto a la sensación de pérdida de referencias seguras acerca de qué es la realidad y a la locura (“la negra avalancha”) como así también a la posibilidad transformadora de un salto de conciencia. Ya sea uno u otro caso, esa experiencia de conciencia expandida nos permite constatar una dimensión de la realidad que, no sólo pone en duda, sino que disuelve nuestros supuestos inconscientes que creíamos verdaderos e incuestionables.

El dogma –espiritual, político o científico- es un conjunto de creencias que se sienten como verdades absolutas, sin reparar en qué supuestos están sostenidas, los cuales quedan entonces velados a la conciencia. Esa identificación con lo que siente verdadero implica que a partir de ese momento haya una necesidad afectiva-emocional de que la percepción coincida con ese marco de conceptos, principios y valores. Con esto, la libertad perceptiva queda condicionada por la necesidad de reproducir el dogma.

El dogmatismo necesita que toda percepción que difiera de la suya sea reconocida como parte de un “dogma aliado” o un “dogma enemigo” del propio mundo de creencias. Se pierde contacto con la lógica de una dinámica dialéctica entre percepciones e ideas –dinámica capaz de desarrollar niveles cada vez más creativos de percepción- y se instala en cambio la lógica de la batalla: la luz del dogma verdadero (la verdadera religión, la verdadera ideología, la verdadera teoría científica) debe vencer la oscuridad del dogma impostor, debe derrotar “la negra avalancha” de las creencias falsas. Las creencias ajenas al dogma verdadero representan una amenaza a la seguridad de la propia descripción del mundo.

Si bien es cierto que la generación de ideas a partir del impacto de la experiencia perceptiva resulta algo ineludible, la adopción de un sistema de creencias con el cual identificarse sí puede evitarse. Todos tenemos valores con los que traducimos nuestra percepción de la realidad y esto no necesariamente significa tener una ideología. Todos tenemos imágenes con las que representamos nuestra percepción de lo divino y esto no necesariamente significa tener una religión. Librarse de la asfixia perceptiva del dogma requiere tener el coraje de responder a lo percibido con espontaneidad, sin seguridades, arriesgándose al vértigo creativo del contacto directo con la realidad.

Desde lo astrológico, si vemos en el dogma un sistema de creencias cerrado, un modelo ya definido acerca de la realidad, estamos percibiendo la distorsión de la función jupiteriana cristalizada en una expresión saturnina. La búsqueda de sentido trascendente, la vital expansión hacia niveles de significado cada vez más incluyentes (Júpiter), queda convertida en el repliegue en un marco de seguridades que cuenta con el acuerdo de otros y el aval de autoridades externas (Saturno) y que permite sofocar la angustia del vacío de sentido.

Por eso, es crucial considerar este juego entre percepciones e ideas como una dinámica de relación. En este sentido -y volviendo a nuestro ejemplo del comienzo- antes que evaluar la conducta de Freud y de Jung en términos de méritos o dificultades personales, se trata de apreciar ese vínculo como la dinámica de una inteligencia perceptiva no personal, sino humana. ¿Qué significa esto? Si consideramos a Freud y a Jung como dos momentos o fases del viaje de la conciencia humana tratando de comprender el misterio inconsciente de la psique (esto es, del alma), acaso se nos haga visible que así como la intuición perceptiva de Freud desbordó el límite perceptivo del dogma científico de su época, luego la intuición perceptiva de Jung desbordó el límite perceptivo del dogma freudiano (el “bastión inexpugnable”) forjado en aquella otra intuición.

Por el contrario, en la lógica antagónica y excluyente de la polarización, la percepción cristalizada en un dogma necesita reducir a esa misma condición (de dogma) a cualquier otra percepción que amenace sus propios límites de registro sensible. Es por esto que Freud, antes que considerar la percepción de Jung como tal -tomándola como un desafío de expansión a sus propios bordes perceptivos-, necesita juzgarla como creencia o dogma: ocultismo.

Tengamos en cuenta que podemos usar la astrología como un lenguaje que confirma nuestro sistema de creencias. Pero también podemos descubrir en ella un universo simbólico que acompaña la expansión de nuestra percepción. Que ocurra una cosa o la otra no depende de la voluntad o de la sagacidad intelectual, sino de la madurez emocional. Nuestras ideas no están disociadas de nuestras emociones. Si prevalece el miedo a la falta de certezas y la angustia del vacío de sentido, entonces buscaremos confirmación de lo que ya creemos. Si prevalece la necesidad de abrirse a lo creativo, asumiremos la incómoda y vital transformación de la muerte de nuestras creencias.

Es la idea la que deriva del impacto perceptivo, no al revés. La percepción no florece de las ideas, sólo puede condicionarse a ellas. Y cuando lo que percibimos se restringe a lo que necesitamos creer, aparece tensión, necesidad de control y desconfianza a dejarnos atravesar por lo que nos ocurre. Cuando necesitamos que la realidad coincida con la idea que tenemos de ella, entonces ya no podemos escuchar lo que percibimos: negamos, reprimimos o proyectamos. Dejamos que el inconsciente –con su propia lógica- elabore esa energía, generando un destino vincular en el que finalmente habremos de encontrarnos con aquello que antes no quisimos atender. En casos extremos, la tensión entre “lo que se percibe” y “lo que se cree”, la negación de la evidencia perceptiva para poder seguir habitando creencias cargadas de afecto, puede llegar a distancias que toquen la psicosis: una construcción delirante de la realidad. Y aunque permanecer en ese mundo de creencias exija un enorme consumo de energía y provoque mucho más sufrimiento que el que generaría aceptar lo que se está percibiendo, el miedo a la incertidumbre prevalece y la fantasía de calma se impone.

El punto es si el hartazgo y la asfixia de sentido que provoca el dogma hacen que ya el miedo no ocupe el centro de la escena, o si, por el contrario, la necesidad de calmarnos ante la complejidad de lo que percibimos nos pide cerrarnos en ideas que nos dan seguridad convirtiéndolas en absolutas. Pero, más allá de una u otra posibilidad, es previsible que en algún momento de la vida –en una situación límite, estado alterado de conciencia o experiencia cumbre- nuestra sensibilidad al misterio transpersonal desborde necesariamente nuestras creencias. La contundencia de la experiencia vivencial necesariamente habrá de sobrepasar ese complejo de ideas, imágenes y valores que necesariamente habíamos forjado para organizar y hacer posible nuestra exploración de aquel misterio y darnos la seguridad capaz de serenar nuestra angustia de sentido.

El desafío para la conciencia es tolerar y disponerse a que nuestro sistema de creencias se mantenga abierto para ser inseminado por un principio trascendente que le habilitará un nivel aún más hondo de sensibilidad. Esto no es otra cosa que la relación dinámica entre Júpiter y Neptuno. Cuando este vínculo se polariza puede generars

  • O bien la ilusión de estar en contacto con lo sagrado sin intermediación de idea o creencia alguna. Es Neptuno excluyendo a Júpiter, confundiendo la representación simbólica de nuestras imágenes mentales con “la” realidad.
  • O bien la reducción de toda percepción al sistema de creencias, el filtro de todo registro de la realidad de acuerdo al marco ideológico o religioso constituido como verdad absoluta (y, por lo tanto, no sujeta a duda o cuestionamiento perceptivo alguno). Es Júpiter excluyendo a Neptuno, impidiendo cualquier percepción distinta a la que anuncia el dogma.

Tanto la ocurrencia de sostenerse en la experiencia directa (Neptuno sin Júpiter) como la de fortificarse en un sistema de creencia cerrado (Júpiter sin Neptuno) terminan por generar disociación en nuestro psiquismo y, en casos de máxima tensión interna, resultan tendencias potencialmente psicotizantes.

Ya se trate de un modelo ideológico o de un credo religioso, lo que allí se pone de manifiesto es una necesidad afectiva de creer en esas ideas, no un contacto espontáneo con el registro de la realidad. En el fundamentalismo se guarda sobre esas ideas una devoción militante y una disciplina militar. Su lógica es la fe en una autoridad superior guardiana del sistema de creencias. Esa autoridad custodia el modelo “que ya me dice cómo es la realidad”, al cual se supedita toda percepción individual. No hay símbolo, hay literalidad. Es una fidelidad necesaria para entablar la batalla contra los que distorsionan la realidad con percepciones que se juzgan (en el mejor de los casos) equivocadas o (en el peor y más común de los casos) deliberadamente tramposas y que engañan para favorecer intereses egoístas, profanos, inferiores. Percibir distinto es una afrenta indignante. Percibir distinto se convierte en herejía, traición o genuflexión. Percibir distinto genera sentimientos de culpa, trasgresión, miedo, exclusión.

Ahora bien, aunque es cierto que en el credo ideológico o religioso la percepción debe limitarse a reproducir el sistema de creencias, no obstante el psiquismo pugna por síntesis cada vez más incluyentes y conduce a la conciencia a participar de estados de percepción que le exigirán ir más allá del acuerdo perceptivo del dogma. Y en este punto es clave destacar que no necesariamente debe tratarse de estados alterados de conciencia o situaciones de vida extraordinarias, sino que esas percepciones pueden darse estando conscientemente atentos a la dimensión transpersonal de las experiencias cotidianas. En la sencillez de las actividades de cada día ya está presenteun nivel de significado que va mucho más allá de nuestras preocupaciones u opiniones personales. El simple discernimiento del momento presente resulta suficiente para poner en evidencia esa dimensión sagrada de nuestra vivencia y exponer la incapacidad de nuestro sistema de creencias para tolerar su vitalidad. Tal estado de atención consciente implica un nivel de expansión de la capacidad de registro sensible, y es esta mayor amorosidad la que nos exigirá resignificar ideas y transformar las imágenes mentales cristalizadas en el dogma.

Finalmente, cuando la conciencia es capaz de responder a niveles más sutiles de sensibilidad neptuniana, es un hecho que la cosmovisión de la realidad y el sentido de trascendencia jupiterianas entran en crisis. Es cierto que nuestras imágenes mentales, nuestros valores y principios, nuestras ideas y conceptos acerca de las cosas son necesarios para dar coherencia y dirección a nuestras percepciones. Júpiter colabora con Neptuno. Pero la apertura al contacto directo con la realidad y a la espontaneidad de nuestra percepción son necesarias para que nuestras creencias no se cristalicen y sean capaces de dar cuenta de lo vital. Neptuno colabora con Júpiter.

Cuando el dogma ideológico o religioso se impone a la conciencia se pierde contacto con esta dinámica entre percepción y creencias, entre registro sensible e ideas. Cuando Júpiter se “saturniza” se disocia de Neptuno: las ideas se tensan, pierden amorosidad y se tornan sentenciosas. La búsqueda de lo verdadero se convierte en “control de la verdad”. El místico se transforma en inquisidor, el idealista en fanático.

http://alejandrolodi.wordpress.com/2011/04/12/acerca-de-las-percepciones-y-las-ideas/